miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cuento corto.

Enamoradizo y pasivo, lentitud al andar, armonía en vivir. Ella lo dejó por otro y destrozó su corazón en cientos de pedacitos incorregibles. Un agujero en el pecho, un vacío profundo, despiadado, audaz. Comenzó a correr un día y jamás dejó de hacerlo. Todos lo miraban por su ventana; la señora tejiendo, el hombre despertando. La vecina ya no lo mira pues prefiere la novela. Suponen que jamás se le fue el dolor.

2 consideraron:

Ignacio Reiva dijo...

Los dolores nos siguen a todas partes, por eso el escape es inútil y jamás dejará de correr. Un gran beso.

piensoluego dijo...

¿Está mal que diga que ese podría ser yo? :S
Me gustó mucho lo que leí. Mucho.

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